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EL CONSUMO SOSTENIBLE Y SU INFLUENCIA SOBRE LAS FORMAS DE PRODUCIR BIENES Y SERVICIOS

“Hace aproximadamente medio siglo, las sociedades desarrolladas se hicieron consumistas: los individuos “de a pie” pasaron, de casi solo poder satisfacer sus necesidades básicas, a poder satisfacer muchos de sus crecientes y desatados deseos. Aunque a este respecto cabe una observación: una vez que los deseos son compartidos por multitudes y logran ser satisfechos, a muchos de ellos la sociedad pasa a considerarlos “necesidades”, y, cuando esto ocurre, con fuerza emergen nuevos deseos, a los que en su inicio suele tildárseles de “caprichos”, mas, transcurrido un tiempo, si corren la suerte de generalizarse y ser satisfechos, pasan también a ser considerados necesidades y, así, sucesivamente… Es un hecho cierto que los deseos y las necesidades materiales crecen en número y en ambición, y que el consumo ascendente de bienes y servicios presiona cada vez más el stock de recursos naturales y el ambiente, hasta convencernos de que el consumo debe ser disminuido y reorientado, porque la naturaleza da la impresión de no soportar ya tanta explotación.

Desde que el consumismo se desbocó, el consumo brinda al consumidor común, y ya no solo al de élite, la posibilidad de distinguirse del prójimo gracias al prestigio de los bienes y servicios que consume, lo cual es un factor del desbocamiento del consumo. Esa distinción se transfiere al consumidor similarmente a como, en tiempos anteriores (aún hoy), le transferían al individuo distinción (o lo contrario) la nación a la que pertenecía, la religión que profesaba, la familia de crianza y el oficio heredado… Calidades estas de las que antaño los individuos no se podían desprender, a no ser en especiales momentos históricos o haciendo extremas proezas o bajezas. Actualmente, el escape de esas prisiones “identitarias” es menos dificultoso, pero nada tan a la mano para lograr distinción, acrecentar prestigio y reconstruirse una identidad, que escoger “libremente” en el menú de los bienes y servicios que la sociedad de consumo ofrece. Los consumidores se reelaboran una identidad a partir de menús relativamente accesibles, se sacian hasta la emergencia de menús nuevos, la economía lo disfruta fortaleciéndose y la naturaleza lo sufre.

Pero, últimamente, hay una tendencia a disminuir el consumo y reorientarlo de tres maneras que convergen. Una reorientación del consumo es el llamado consumo sostenible, que pone el acento en la protección de la naturaleza: se debe consumir sin atentar contra los equilibrios ecosistémicos, para lo que hay que ser vigilante del modo en que se producen los bienes y servicios y del modo de consumirlos. Otra reorientación es el consumo responsable, que es un consumo que no ha de poner en riesgo la naturaleza y que, además, debe velar por que durante la producción, la distribución y el consumo no se violente los derechos humanos ni la justicia. Y otra reorientación es el consumo sano, que es el que solamente es precavido con la salud del consumidor, aunque, ciertamente, de rebote rebaja los gastos en que la sociedad incurre por culpa de los damnificados por su propia glotonería.
Interesantemente, el consumo morigerado y controlado también distingue y prestigia a sus practicantes.

Mediante él, ellos reelaboran su identidad separándose de las pesadas masas humanas insostenibles. El consumo sostenible, responsable, sano, convierte a sus seguidores en culturalmente superiores, en humanos de nuevo cuño, en ambientalistas consecuentes. Y así tenemos que, hace décadas, de la esfera económica del consumo surgió una poderosa presión dañina sobre la naturaleza que, recientemente, ha empezado a ser combatida y contrarrestada por otra presión surgida… en esa misma esfera, pudiendo los consumidores, de uno y otro tipo, reconstruirse una identidad y saciar apetencias de distinción mediante uno u otro consumo: el sostenible, en alzada, y el insostenible, mayoritario pero muy vilipendiado.

Con razón, hoy se argumenta que los consumidores poseen un enorme poder -no acordado formalmente por nadie- sobre los modos de producción de bienes y servicios, pues con sus elecciones de compra ellos pueden influir decisivamente en las prácticas económicas de la sociedad, potenciando las sostenibles y ayudando a desterrar las insostenibles”.

La edición # 236 de AMBIENTICO, correspondiente a agosto de 2013, viene dedicada al análisis de diversos aspectos del consumo sostenible en Costa Rica. 
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